La potencia del color con propósito

Esfuerzo cognitivo de nuestra audiencia

animar un cerebro con una pila

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Revisar y adaptar este texto al tema dataviz 😉

Leer, comprender y aprender

 

LEER, COMPRENDER Y APRENDER

Existe una relación entre leer, comprender y aprender. Si comprendemos un texto, no estamos extrayendo, deduciendo ni copiando su significado, si no que lo estamos construyendo.

Cuando comprendemos un texto, es porque estamos haciendo un esfuerzo cognitivo durante la lectura. Este esfuerzo es el que hace un lector activo cuando procesa y atribuye significado a lo que está escrito en una página. Esta atribución la realizamos a partir de nuestros conocimientos previos, a partir de lo que ya sabemos, de lo que ya formaba parte de nuestro bagaje experimental.

Muchas veces no todos interpretamos igual un texto, ya que la comprensión no depende solo del texto, si no que también depende del lector: del conocimiento previo con que se aborda la lectura, los objetivos que la presiden y la motivación que se siente hacia esa lectura.

La comprensión depende de lo bien que esté escrito un texto, pero también depende de lo que ya conoce el lector sobre el contenido y del tipo de relaciones que establezca entre ello y lo que va leyendo.

Comprender no es una cuestión de todo o nada sino que es relativa a los conocimientos de que se dispone sobre el tema del texto y a los objetivos que se marca el lector. No es lo mismo leer para ver si interesa seguir leyendo, que leer cuando buscamos una información, o cuando necesitamos formarnos una idea global del contenido para transmitirlo a otra persona.

En el ámbito de la enseñanza, es bueno que los niños y las niñas aprendan a leer con diferentes intenciones (objetivos), para lograr fines diversos. De esta manera aprenden que la lectura les puede resultar útil para muchas cosas.

Para implicarse en la actividad de la comprensión de un texto, también es imprescindible encontrar que esta tiene sentido. Para atribuir un sentido a la actividad es necesario que se sepa lo que se debe hacer y lo que se pretende con ella; que el alumno se sienta competente para ello; y que la tarea en sí resulte motivante. El texto ha de estar acorde al nivel de los alumnos.

Para que una actividad de lectura sea motivadora, el contenido ha de conectar con los intereses de la persona que tiene que leer y que responda a un objetivo. El interés se puede crear, suscitar y educar, y depende también del entusiasmo y de la presentación que hace el profesor de una determinada lectura y de las posibilidades que sea capaz de explotar.

Los textos que se ofrecen a los alumnos deben dejarse comprender; hay que asegurarse también de que los lectores disponen de los conocimientos necesarios para abordarlos.

Leer es comprender, y comprender es ante todo un proceso de construcción de significados acerca del texto que pretendemos comprender.

Hasta ahora he hablado de la relación que hay entre leer y comprender, osea aprender a leer. Pero también existe una relación entre leer y aprender: leer para aprender.

Aprender algo equivale a formarse una representación de aquello que se presenta como objetivo de aprendizaje; implica poder atribuirle significado al contenido en cuestión, relacionando lo que ya se sabe y lo que se pretende aprender.

Aprendemos porque disponemos del conocimiento previo relevante que nos permita comprender e integrar la información y porque esta posee un cierto grado de claridad. Pero también hemos de tener disponibilidad para ir a fondo. Esta disponibilidad necesita encontrar sentido a leer.

Si tenemos ganas de aprender, aprendemos significativamente y se produce la memorización comprensiva. Dicha memorización hace que la posibildad de utilizar el conocimiento integrado para la resolución de problemas prácticos sea muy elevada.

Cuando leer implica comprender, leer deviene un instrumento útil para aprender significativamernte. Podemos afirmar que cuando un lector comprende lo que lee, está aprendienddo, en la medida en que su lectura le informa.

Cuando leemos con la finalidad clara de aprender, la comprensión implica la presencia de un lector activo que procesa la información que lee, relacionandola con la que ya poseía y modificando esta como consecuencia de su actividad.

Si enseñamos a un alumno a leer comprensivamente y a aprender a partir de la lectura, le estamos facilitando que aprenda a aprender, es decir, que pueda aprender de forma autónoma.

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